When things don’t go our way, one of the most natural responses is anger. But Anger, can be a very destructive emotion if not controlled. It can destroy you and those around you. Anger blinds common sense and cause people to say and do things they later regret. However some anger can move you to act courageously against injustice. So why do we get angry? The Bible tells us the story of a man who became so angry at God that he would rather die. Jonah, also known as the reluctant missionary, became mad at God. When God told Jonah to go to Nineveh and announce the impending destruction that was coming upon that city, Jonah avoided God’s instructions and encountered some serious vicissitudes as a result of his walking away from God. Eventually, Jonah went to Nineveh and preached repentance. God forgave the people of Nineveh and their lives were spared. Now Jonah became angry, so angry he wanted to die. He was mad at God because God changed his mind and did not do what Jonah said God would do. In other words, Jonah was mad at God because God did not do what Jonah wanted God to do. Jonah was more concerned about what he wanted and what others would think of him, that he did not care about the people he was preaching to. He was concerned about looking good before the people, he was concerned about been right, he was the prophet. Pride in Jonah’s heart caused him to create an unrealistic expectation of God. He said, I knew you are a gracious and compassionate God, slow to anger and abounding in love, a God who relents from sending calamity”. Even after seeing the amazing results of his work, the entire city of Niniveh repented and God relented from the threat of punishment, Jonah still sat outside the city to see their destruction. Why did he not packed and left, and sang a song of thanksgiving for God’s mercy upon that city? Instead he was stubborn and stayed there angry hoping for the destruction of the city. But God taught him a lesson about forgiveness.
Sometimes, we get angry at others, or at God or at ourselves. This anger can be traced to our creating unrealistic expectations of others, or of God or of ourselves. When we expect others to do certain things and they don’t do them, we get angry at them. When we expect God to do something for us, and he doesn’t, we get angry at Him. Sometimes we get jealous of other peoples’ blessings and we ask God, where is my blessing? It is frustrating when we don’t get what we want, and when this happen, we turn to anger. But God asked Have you any right to be angry? The answer is no.
How do you prevent from getting angry? Examine yourself. What are you angry about? To whom are you directing your anger? Consider that maybe the source of your anger is not really the other person, but what you wanted the other person to do for you? Did you consider that when you placed this expectation to the other person, you were perhaps, too demanding? Did you consider the ability of the other person to do what you wanted? Finally, did you consider that sometimes, there can be a change of plans? Is it your pride that is getting in the way of our accepting others the way they are?
A good exercise would be to begin our day with thanksgiving. Be extra aware of God’s mercies and grace. Think about what an amazing job He has done in creation. Consider the lilies of the field. Lift up your eyes and delight in God’s handy work. Practice watching God’s amazing work in others. See what a great God is He when he blessed so and so. Be glad for what God gave you and for what God does for others.
Cuando las cosas no van a nuestra manera, una de las respuestas más naturales es la ira. Pero la ira o el enojo, puede ser una emoción muy destructiva si no es controlada. Puede destruirle a usted y aquellos quienes le rodean. La ira ciega el sentido común y causa que las personas digan y hagan cosas por las que más tarde se lamenten. Sin embargo a veces el enojo puede movernos a actuar con valor contra la injusticia. De modo que ¿por qué nos enojamos? La Biblia nos narra la historia de un hombre que se enojó tanto con Dios que prefería morir. Jonás, también conocido como el misionero reluctante, se enojó con Dios. Cuando Dios le dijo a Jonás ir a Nínive y anunciar la inminente destrucción que iba a llegar a esa ciudad, Jonás evadió las instrucciones de Dios y encontró algunas vicisitudes muy graves como resultado de su caminar lejos de Dios. Finalmente, Jonás fue a Nínive y predicó el arrepentimiento. Dios perdonó a la gente de Nínive y se salvaron sus vidas. Ahora se molestó Jonás, tan enojado que se quería morir. Estaba enojado con Dios porque Dios cambió de opinión y no hizo lo que Jonás dijo que Dios iba a hacer. En otras palabras, Jonás se enojo con Dios, porque Dios no hizo lo que Jonás quería que Dios hiciera. Jonás estaba más preocupado por lo que él quería y por lo que otros pensaban de él, que por la gente a quienes le estaba predicando. Le preocupaba quedar bien ante el pueblo, por estar correcto, quería ser reconocido como un buen profeta. El orgullo en el corazón de Jonás le llevó a crear una expectativa falsa de Dios. Dijo, “yo sabía que eres un Dios generoso y compasivo, lento para la ira y abundante en el amor, un Dios que te arrepientes del mal". Aun después de ver los sorprendentes resultados de su trabajo, que la ciudad entera de Nínive se arrepintió y Dios cambió la amenaza del castigo, todavía Jonás se sentó fuera de la ciudad para ver su destrucción. ¿Por qué no empacó y se fue y cantó una canción de agradecimiento por la misericordia de Dios a esa ciudad? En su lugar fue obstinado y permaneció allí enojado con la esperanza de la destrucción de la ciudad. Pero Dios le enseñó una lección acerca del perdón. A veces, nos enfadamos con los demás, o con Dios o con nosotros mismos. Esta ira se remonta a nuestra creación de expectativas poco realistas de los demás, o de Dios o de nosotros mismos. Cuando esperamos que otros hagan ciertas cosas y no la hacen, nos enfadamos con ellos. Cuando esperamos que Dios haga algo por nosotros, y él no lo hace, nos enfadamos con El. A veces nos sentimos celosos de las bendiciones de otros y le preguntamos a Dios, ¿donde está mi bendición? Es frustrante cuando no conseguimos lo que queremos, y cuando esto ocurre, pasamos al enojo. Pero Dios pregunta ¿tienes derecho a estar enojado? La respuesta es no. ¿Cómo impedir estar enojado? Examínese usted mismo. ¿Por qué está furioso? ¿A quien está dirigiendo su enojo? Considere la posibilidad de que tal vez la fuente de su enojo no es realmente la otra persona, pero lo que Usted quería que la otra persona hiciera por usted. ¿Consideró que cuando usted coloca esta expectativa en la otra persona, quizás este Usted siendo demasiado exigente? ¿Consideró la capacidad de la otra persona para hacer lo que Usted desea? Por último, ¿consideró que a veces, puede haber un cambio de planes? ¿Es su orgullo el que está metido en el medio de nuestra habilidad de aceptar a los demás? Un buen ejercicio sería comenzar nuestro día con acción de gracias. Ponga extra atención a las misericordias y la gracia de Dios. Piense acerca del trabajo increíble que El ha hecho en la creación. Considere los lirios del campo. Levante su mirada y deléitese en el trabajo la obra de Dios. Practica ver la obra de Dios en otros. Vea qué gran Dios es él cuando bendijo a Fulano o Fulana. Agradece lo que Dios te dio y lo que Dios hace para los demás.